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miércoles, 7 de julio de 2010

Pedro Mexía


... Y aconsejan los filósofos naturales que no haya el hombre ayuntamiento a su mujer enojado ni airado, ni triste ni embriagado, porque acontece engendrar los hijos con esas condiciones y pasiones. Y de aquí viene el padre alegre a engendrar un hijo triste, porque lo estaba él cuando lo engendró. Y dice Alejandro Afrodiseo una cosa harto de notar: que por esa razón salen algunas veces los hijos bastardos y adulterinos malos y viciosos, por la mala imaginación y temor que sus padres tuvieron en su generación.

Pedro Mexía
"Silva de varia lección", 1540
"Poder de la imaginación"

lunes, 24 de mayo de 2010

Julio Ramón Ribeyro

... Las palabras que se dicen los amantes durante su primer orgasmo son las que presidirán en el futuro toda su comunicación sexual. Son momentos de absoluta improvisación, en los cuales los amantes se rebautizan, o rebautizan las partes de su cuerpo. Los nuevos nombres regresarán siempre durante el acto para constituir el códice que utilizarán en la cama. Estas palabras son inocentes y muchas veces poéticas con relación a lo que designan. A veces son también disparatadas. Nadie está libre de decirle a su mujer la noche de su primera posesión: "Alcachofa". Y se fregó porque desde entonces, al poseerla, tendrá siempre que decirle "Alcachofa". El día que no se lo diga, la habrá dejado de querer.

Julio Ramón Ribeyro
"Prosas apátridas"

viernes, 14 de mayo de 2010

Roberto Arlt

...
... —Y la noche del día en que nos casamos, ya solos en la pieza del hotel, ella se desnudó con naturalidad frente a la lámpara encendida. Ruborizado hasta las sienes, yo volví la cabeza para no mirarla y que no descubriera mi vergüenza. Luego me quité el cuello, el saco y los botines y me metí bajo las sábanas con los pantalones puestos. Sobre la almohada, entre sus rizos negros, ella volvió el rostro y dijo sonriendo con una risa extraña:
... —¿No tenés miedo de que se arruguen? ¡Sacátelos, zoncito!

Roberto Arlt
"Los siete locos", 1929

lunes, 26 de abril de 2010

Hermann Hesse

... Durante la noche, cuando dormía en la choza de paja de un barquero, junto al río, Siddharta tuvo un sueño: Govinda estaba delante de él con su vestidura amarilla de asceta. Govinda tenía un aspecto triste y con melancolía le preguntaba: «¿Por qué me has abandonado?». Entonces Siddharta abrazó a Govinda, lo tomó entre sus brazos, lo estrechó contra su pecho y lo besó... ya no era Govinda, sino una mujer, y del vestido le salía un seno turgente. Tendíase Siddharta, y bebía. La leche de ese pecho sabía dulce y fuerte. Su sabor era de mujer y de hombre, de sol y de bosque, de flor y de animal, de todas las frutas y todos los placeres; embriagaba y hacía perder el sentido.
... Cuando Siddharta despertó, el río pálido brillaba a través de la puerta de la choza, y en el bosque se oía grave y sonoro el grito sombrío de un búho.

Hermann Hesse
"Siddhartha"